Patrimonio Literario

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EXTRACTOS “OBRAS COMPLETAS - I ESCRITOS EUCARÍSTICOS
EXTRACTOS “OBRAS COMPLETAS - I ESCRITOS EUCARÍSTICOS

EXTRACTOS “OBRAS COMPLETAS - I ESCRITOS EUCARÍSTICOS"

San Manuel González, Obispo de Málaga y Palencia y Arcipreste de Huelva. Patrono de Fundación Latens

¡Qué hermoso Sacerdocio!

“Ser cura de un pueblo que no quisiera a Jesucristo, para quererlo yo por todo el pueblo. Emplear mi sacerdocio en cuidar a Jesucristo en las necesidades que su vida de Sagrario le ha creado. Alimentarlo con mi amor. Calentarlo con mi presencia. Entretenerlo con mi conversación. Defenderlo contra el abandono y la ingratitud. Proporcionar desahogos a su Corazón con mis santos Sacrificios. Servirle de pies para llevarlo a donde lo desean. De manos para dar limosna en su nombre aun a los que no lo quieren. De boca para hablar de Él y consolar por Él y gritar a favor de Él cuando se empeñen en no oírlo... hasta que lo oigan y lo sigan... ¡Qué hermoso sacerdocio!”

EXTRACTOS “OBRAS COMPLETAS - I ESCRITOS EUCARÍSTICOS"

Yo temo

"Que al leer la palabra "Sagrario" (...), algún espíritu de fe superficial bostezando diga: ¡bah! ¡cosas de mística! ¡entretenimiento para devotas! Esto no es para hombres de negocios, de estudios... No, hermano mío, le diría yo: no es cosa de mística, ni ascética, sino de justicia seca, de lógica, de razón y de buen sentido lo que aquí se trata.
Lo que aquí se busca es acabar con ese contrasentido y contra derecho y contra razón que envuelve el creer que Jesucristo está realmente presente en el Sagrario todo el día y toda la noche y lo mismo en el de la artística y suntuosa catedral que en el de la ruinosa y misérrima iglesia de aldea y dejarlo solo noche y día.
¿Es leal, es justo, es lógico ese proceder?
¿Qué fe es ésa que no hace caso de lo que cree o qué corazones tienen los hombres de esa fe? Lógico es que el pagano, el judío, el hereje, el impío, vuelvan las espaldas al Sagrario. ¡No creen! Pero que las vuelva y viva como si no existiera el que sabe tan cierto como lo más cierto que sepa, que detrás de aquella puertecita dorada vive el Jesús del Evangelio con todo su poder, con todo su Corazón, con toda su misericordia..., ¿puede eso justificarse? ¿O por lo contrario, hay injusticia e inconsecuencia que más hagan sufrir a la divina Víctima de ellas y qué peores resultados pueden traer a quienes la perpetran?

Los Daños de esos Abandonos

"Estas páginas llevan el propósito de poner a los hombres de fe y de corazón enfrente de un mal que no sé cómo llamarlo y que después de llamarlo con todos los nombres malos de la tierra, todavía no lo habría hecho adecuadamente. ¡Él abandono del Sagrario!
Es decir, la repetición constante para el Corazón de Jesucristo de lo más triste de su Evangelio. Es Belén, su pueblo, con sus puertas cerradas, y sin un rinconcito para que nazca. Es Nazaret, la tierra de casi toda su vida, intentando arrojarlo desde lo alto del monte. Es Jerusalén, el gran teatro de sus milagros, dejándolo sin comer y sin casa para dormir el mismo Domingo de Ramos. Es el "abandonándolo, todos huyeron" de la noche de las agonías del Huerto. Es el desconsolador y tristísimo "vino a los suyos y los suyos no lo recibieron" del Evangelio de san Juan repetido todos los días en miles y miles de Sagrarios en donde vive la mismísima Víctima de aquellas deslealtades."
"Tengo la persuasión firmísima de que prácticamente el mayor mal de todos los males y causa de todo mal, no sólo en el orden religioso, sino en el moral, social y familiar, es el ABANDONO del Sagrario.
Si no hay otro nombre en el que pueda haber salvación fuera del nombre de Jesús. Si la sagrada Eucaristía, adorada, visitada, comulgada y sacrificada, es la aplicación de esa salud y por tanto, la fuente más abundante de gloria para Dios, de reparación por los pecados de los hombres, y de bienes para el mundo, el abandono de la sagrada Eucaristía, al cegar la corriente de esa fuente, priva a Dios de la mayor gloria que de los hombres puede recibir y a éstos de los mayores y mejores bienes que de Dios pueden esperar."
"El Sagrario dejó de ser el nido de amores, el alcázar de la dicha, la sala del festín, la casa solariega de los cristianos, y se fue trocando poco a poco en casa muy respetable, es verdad, pero tan aislada como respetable y tan inaccesible como aislada. Yo no sé que se haya hecho jamás más daño a la vida cristiana como con este retirar de su circulación el Sagrario."
"Como a la economía amorosa de la Providencia de distribuir las aguas por toda la superficie de la tierra, corresponde ésta con la producción y multiplicación de la vida vegetal y animal, así en torno de cada Sagrario, verdadera fuente de aguas vivas, debe producirse y multiplicarse la vida sobrenatural.

Aunque todos... yo no. Libro de la lealtad al Señor más deslealmente servido

"Yo no sé que nuestra religión tenga un estímulo más poderoso de gratitud, un principio más eficaz de amor, un móvil más fuerte de acción, que un rato de oración ante un Sagrario abandonado. (...) Una fe que medite y sobre todo, un corazón que ahonde un poco debajo de la corteza de las cosas, descubrirá en ese Jesús abandonado que se deja acompañar de telarañas y sabandijas; que pasa los días y las noches solo durante años y años y a pesar de todo eso no se va de aquel Sagrario; ni deja de mandar sol desde la mañana a la noche y agua para la sed y pan para el hambre y salud y descanso y fuerzas beneficiosas en cada segundo y a cada uno de los que le maltratan; ese Corazón, repito, no tiene más remedio que ver en ese modo de abandonar de los hombres y en esa manera de corresponder de Jesucristo, el Evangelio vivo, pero con una vida tan brillante, tan fecunda, tan activa, tan en ebullición de amor de cielo, que no hay más remedio que entregarse a discreción y sin reserva, diciendo con san Pedro: "Aunque todos te abandonen, yo no te abandonaré"... ¡Este amor no se parece a ningún otro amor!."
"(...) Ese AUNQUE TODOS... YO NO, es la palabra de la lealtad a toda prueba, hasta llegar, si es preciso, a la terquedad heroica de perder la vida antes de dejar de guardarla. (...) Es la fórmula de los corazones viriles y grandes, que no se ablandan ni ante el soborno ni ante el éxito, corazones de roca ante la dádiva del vencedor y de carne para la compasión hacia el vencido. Esa palabra no es ciertamente palabra de esclavo, sino de señor. No es palabra que pronuncian ni entienden los cobardes, los egoístas y los comodones, sino los esforzados y abnegados. Es, por último, y ¡qué triste es esto!, la palabra de los menos (...)."

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús

"Sin tratar ahora de demostrar la decisiva influencia que en el adelanto y en la perfección de la piedad cristiana, tiene la devoción al Santísimo Corazón de Jesús, y sin que mi ánimo sea condenar o censurar a las almas y a los pueblos que no profesen esa devoción, puedo afirmar sin temor a ser desmentido, que almas o pueblos que den culto ferviente a nuestro Señor Jesucristo en su Corazón, son almas y pueblos que caminan y adelantan bien orientados. (...).

"Yo digo, y creo que está en el convencimiento de todos vosotros, que el mal del abandono del Sagrario reúne en sí todos los males (...). Porque vosotros sabéis que Sagrario abandonado o poco frecuentado, es lo mismo que Dios desairado y postergado, obligado a ser más justiciero que misericordioso, más Juez que Padre; lo mismo que niños sin bautismo y sin educación; que familias sin bendición de Dios y sin matrimonio indisoluble; que enfermedad y muerte sin los alivios y esperanza de otra vida, la vida verdadera; que virtud sin moral; que moral sin dogmas fundamentales; que extinción de la fe iluminadora de todos los caminos de la vida; que la caridad sustituida por una filantropía egoísta; que la conciencia sustituida por un honor hipócrita; que la justicia social suplantada por la fuerza y la trapacería (estafa o fraude); que el capital sin entrañas y el trabajo por esclavitud; que lujuria y soberbia y ambición triunfantes y castidad y humildad y virtud pisoteadas."
Hay que pensar en repoblar nuestros Sagrarios, porque, aunque nos cueste mucho decirlo, padecen soledades horribles y espantosas cual yo creo que no las han padecido desde que en la tierra se levantan templos católicos."

El Cristianismo es el Sagrario

"El cristianismo es el Sagrario, y, aunque ésta no sea la ocasión de demostrarlo, vosotros afirmaréis conmigo que el Sagrario en nuestra religión no es un remate más o menos airoso de sus cimas, ni un broche de oro que lo cierra, ni una de las instituciones que lo embellecen, sino que la Eucaristía, el Sagrario, es todo el cristianismo, es el principio, fin y razón de ser de sus dogmas y su moral, de sus sacrificios y de sus virtudes, de sus bellezas y de sus milagros...
(...) El actual cristianismo todo es con, por y para la Eucaristía, y sin ella, no titubeo en decirlo, el cristianismo es nada, de tal modo que puede formularse esta regla cierta: a más frecuencia de Sagrario, más cristianismo; a menos Sagrario, menos cristianismo.
¡Abandonado! (...) Así, completamente solo está Jesucristo en muchísimos Sagrarios (...). En torno de esos Sagrarios no hay ni calor de corazones amantes, ni lágrimas de ruegos, ni suspiros de arrepentimiento, ni ayes (lamentos) de necesitados, ni gratitud de reconocidos, ni rodillas dobladas, ni cabezas inclinadas, ni ojos que miran, ni bocas que piden, ni corazones que se ofrecen... ¡Nada!"
" (...) yo creo que un alma que tenga mucho amor al Sagrario, hará lo posible y lo imposible por ir todos los días a comulgar y a visitarlo."
La Revolución desde Arriba
"¿Estamos convencidos de que la causa de todos los males que padece el pueblo viene del abandono en que todos, directores y dirigidos, han dejado al Sagrario? ¿Estamos convencidos de que unos ricos que comulgan bien y a diario, serán padres y no tiranos de sus operarios y dependientes?. ¿Y que unos pobres que comulguen bien y a diario serán unos obreros alegres, corteses, resignados, sobrios y tranquilos? ¿Estamos convencidos de que en una casa en donde todos comulguen bien y a diario hay paz y pan? Y ¿estamos convencidos de que si todos los hombres comulgaran bien y a diario estarían de más la Guardia Civil, las cárceles y demás Instituciones sociales por cuya extirpación sueñan los socialistas y anarquistas? Y, por último, ¿estamos convencidos y persuadidos de que siendo Jesucristo la fuente, la base, la norma, la defensa, la sanción de todo derecho, no puede éste conservarse inmune (...)?"

El círculo vicioso del abandono

"Los que conozcan un poco no más el modo de ser del hombre y se hayan dado cuenta de que en la mayor parte de sus determinaciones, más que la reflexión y la conciencia, influye la fuerza del hábito o de la rutina, sobre todo, si en favor de esta rutina milita la pereza, el egoísmo, la ausencia de obligaciones, la indisciplina y demás elementos humanos, se persuadirán muy luego de que ese círculo vicioso se hace irrompible.
Contribuyen a darle consistencia esas mil tonterías mandadas recoger hace tiempo y que todavía circulan por los pueblo con la misma seriedad como si acabaran de insertarse: "Eso es cosa de niños". "Yo no me hinco delante de un hombre como yo". "Eso es para las viejas". "Ya lo haré otro día". "¡Es tan amigo el cura, que quién se confiesa con él". Sin perjuicio de este otro reparo: "¡es tan antipático el cura, es tan...!" Y aquello otro: "¿qué dirán las gentes si me vieran confesar y comulgar?". Y las jóvenes por lo que dirán sus novios. Las casadas por lo que dirán sus maridos. Los maridos por lo que dirán los amigos de café o de trabajo. Los pobres porque no tienen tiempo o porque no madruga el cura. Los ricos porque no madrugan ellos. Y cada cual por un pretexto o por otro, es lo cierto que nadie comulga porque no comulga ninguno."

¿Cómo romper el círculo?

"Esas son las Marías activas: las que van a los pueblos en donde ya no se estila comulgar a enseñar con su ejemplo que todavía se comulga. A pisotear todos esos trampantojos contra la Confesión y la Comunión, confesándose y comulgando. Mostrando a las jóvenes casaderas y a las mujeres casadas y a los maridos tiranos o cobardes, que se puede comulgar y tener buen novio y ser reina de un hogar de dicha. Y espoleando a todos con el ejemplo del sacrificio y la palabra de la invitación, a romper esas telas de arañas que a ricos y pobres, hombres y mujeres, apartan las más de las veces de la Sagrada Comunión.
En suma, las Marías comulgando en los Sagrarios abandonados, una y muchas veces, y, cuando no pueden sacramentalmente allí, en espíritu al menos, son los Hércules que rompen con la maza de su ejemplo y de su abnegación, el círculo vicioso de "yo no comulgo porque no comulga nadie y nadie comulga porque yo no comulgo", que tantos vacíos ha dejado en tantos Sagrarios."

Las compensaciones de la gloria de Dios

"¡Dios mío -me digo- cuántas rodillas dobladas ante el demonio y qué poquitas dobladas ante Ti! ¡Qué exiguo el partido de Dios y qué asombrosamente numeroso el partido del demonio! Y horrorizado ante ese misterio de ingratitud y de locura de los hombres, llego a tranquilizarme relativamente, comparando lo mucho que vale aquel pequeño rebaño y lo poco, lo nada que vale el ejército enemigo. Para alistarse en él, una sola condición basta: ser cobarde. Es el ejército de los vencidos de los vicios.
En cambio, aquellas almas tan insignificantes, tan despreciables a los ojos del mundo, ¡cuánto valen! Ellas, con el valor llevado al heroísmo, la virtud que prefiere morir a mancharse, haciendo fácil lo extremadamente arduo a fuerza de practicarlo cada día y cada hora, ¡qué grandes!
Qué poco podrá ufanarse el demonio de la ejecutoria y nobleza de su gente reclutada de entre todos los cobardes de la historia y de la conciencia que han sido y son. Y ¡qué satisfecho podrá mostrarse el Señor presentando ante los cielos y ante la tierra, la magnífica, inapreciable e imponderable figura de un santo hecho de barro! Recuérdese a Abrahán obteniendo del Señor la salvación de la ciudad de Sodoma, por sólo cinco justos que en ella hubiese. Recuérdese a Lot salvando él solo de la ruina la ciudad de Segor, por vivir en ella. Recuérdese la satisfacción con que Dios se recreaba en su siervo Job, presentándolo a la confusión de Satanás. Y en el Nuevo Testamento, recuérdense las mercedes otorgadas a pueblos enteros, por la intercesión de un solo justo, y se tendrá convencimiento de mis anteriores afirmaciones.

Yo no quiero

"Para mis pasos yo no quiero más que un camino, el que lleva al Sagrario, y yo sé que andando por ese camino encontraré hambrientos de muchas clases y los hartaré de todo pan. Descubriré niños pobres y me sobrará el dinero y los auxilios para levantarles escuelas y refugios para remediarles sus pobrezas. Tropezaré con tristes sin consuelo, con ciegos, con tullidos y hasta con muertos del alma o del cuerpo y haré descender sobre ellos la alegría de la vida y de la salud."
"(...) Yo os pido una limosna de cariño para Jesucristo Sacramentado; un poco de calor para esos Sagrarios tan Abandonados. Yo os pido, por el amor de María Inmaculada, Madre de ese Hijo tan despreciado, y por el amor de ese Corazón tan mal correspondido, que hagáis compañía a esos Sagrarios Abandonados."